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LENGUA DE TRAPO.

LA DERIVA DE ITALIA

LA DERIVA DE ITALIA

Corren malos tiempos en Europa para las libertades invidividuales. A tenor de los atentados de Nueva York, Madrid y Londres, y en torno a esa psicosis del terror que se ha ido imponiendo por buena parte del mundo, los ciudadanos de la Unión Europea hemos visto como se endurecían las medidas de seguridad (algunas, necesarias, otras, como en los aeropuertos, rozan el absurdo).

Puede que muchas de esas medidas sean del agrado de los ciudadanos norteamericanos. Pero a muchos europeos nos rechinan los dientes.

Seguridad debe haber. Todos estamos interesados en estar protegidos y en que el terrorismo no haga de las suyas en nuestras ciudades. Pero quizás estamos girando demasiado hacia el poulismo barato y acelerando en demasía la pérdida de derechos individuales, dando a los Estados una serie de derechos y potestades que no se si le corresponde, y que al menos, a mí, no me gustan un pelo.

El mejor ejemplo, aunque por suerte es un caso aislado del resto de Europa, es la Italia de Berlusconi. Un primer ministro del que todos conocíamos sus andanzas, pero que se está superando día a día con su política populista.

De hecho, algunas de sus propuestas podrían chocar con las directivas europeas de derechos humanos. Es el caso de las propuestas en materia de lucha contra la inmigración ilegal, medidas rancias y racistas en muchos casos, y que llegan incluso a facultar a la policía o a las autoridades locales a declarar el estado de emergencia en caso de que fuera necesario.

O su decisión de sacar a las calles de las principales ciudades romanas a 3.000 soldados para que luchen contra la delincuencia, y en especial, contra la delincuencia provocada por la inmigración ilegal. Una medida que creo que es populista, y que además, no es muy efectiva.

Ideas de una mente iluminada, cuya última gran idea ha sido la de tapar los senos de una mujer que aparecen en una pintura que el mismo ordenó colgar en la sala donde ofrece las ruedas de prensa del Palacio Chigi, su sede oficial en la capital italiana.

 Y el cuadro en cuestión es una obra de Giambattista Tiepolo que data nada más y nada menos del siglo XVII. ¿El motivo? Que el seno desnudo de la dama aparece junto a su cabeza durante sus comparecencias ante los medios.

Y Berlusconi, en lugar de cambiar el cuadro por otro más recatado, lo único que se le ocurre es tapar el pecho como si estuvieramos en plena Edad Media.

Sin comentarios.

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