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LENGUA DE TRAPO.

EL TRIUNFO DE LA ROJA

EL TRIUNFO DE LA ROJA

La verdad es que nunca ne sido un apasionado del fútbol. Normalmente, con saber que gana el Real Zaragoza, suelo quedarme contento, y ya está.

Pero en estos días de fiebre futbolística, es complicado quedarse al margen de las noticias que se están producendo tras el triunfo de la Roja. Un triunfo que creo que es positivo, al margen de la propia victoria futbolística por tres razones.

La primera de ella, porque el triunfo de estos chavales de la selección española es una victoria del trabajo bien hecho, del compañerismo, de los valores deportivos y de la camaradería. En los tiempos que corren, casi es raro comprobar como el esfuerzo y la ilusión por el futuro dan sus frutos, en una sociedad en la que impera la rapidez para alcanzar el triunfo social, sin importar si los medios usados son lícitos, ya que lo que importa es el fin y nos los medios.

Por fin, los chavales tienen un referente de verdad, un grupo de jóvenes que pueden convertirse en referencia de mucha gente, dejando de lado esa mediocridad en la que se ha instalado parte de esta sociedad, basada en el triunfo rápido y sin esfuerzos, en los grandes hermanos, belenes estébanes y demás aprovechados que pupulan por las diferentes cadenas de televisión sin oficio ni benficio contando miserias que no deberían importar a nadie.

En segundo lugar, creo que es importante por el positivismo que se ha generado en todo el Estado con el triunfo de la selección. Con la crisis y la mala situación económica, la pésima actuación de gran parte de la clase política, y la negatividad imperante en los medios de comunicación, el triunfo de la selección ha sido como un solplo de aire fresco que ha devuelto el optimismo al país. Cosas del fútbol.

Y en tercer lugar, me parece importante la imagen de unidad y de pluralidad que han ofrecido esos jóvenes que han hecho historia en Sudáfrica, dando una lección a los políticos de uno y otro lado de lo que es la España de hoy. Ayer mismo, en el recibimiento que se organizó en Madrid para los miembros de la selección, sobre el escenario situado en la ribera del Manzanares pudieron verse banderas de Asturias, o de la Comunidad Valenciana entre las banderas españolas.

Incluso pudo verse una camiseta del Barça cuando presentaron a Fabregas si no recuerdo mal. Y ello, ante el aplauso generalizado de los aficionados allí congregados, sin que nadie pitara al futbolista catalán por llevar una camiseta del equipo barcelonés. Un ejemplo de esa España plural y respetuosa que muchos queremos alcanzar, pero que otros se empeñan en destruir para imponer si visión única del Estado.

Y también un ejemplo para esos otros que se empeñan en ir de víctimas, y que piensan que en otros lugares del Estado estamos deseando joderles por el mero hecho de ser catalanes. De hecho, estoy seguro que hay votantes de partidos nacionalistas catalanes que les hubiera encantado que ayer un grupo de exaltados hubieran abucheado al jugador que osó exhibir la camiseta del Barça  en pleno centro de la capital española. 

Por fortuna, nada de eso pasó. Es la hora de la moderación, de los pactos y de tender puentes. Los radicalismos, de uno y de otro lado, deben quedar en el cajón de los trastos, guardados bajo siete llaves.

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