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LENGUA DE TRAPO.

UN AGOSTO QUE NO PARECE AGOSTO

UN AGOSTO QUE NO PARECE AGOSTO

Zaragoza está este verano irreconocible. Miles de turistas pasean por sus calles y llenan el recinto de la Expo día tras día. En la noche del lunes mismo, me acerqué hasta el Tubo con una amiga para tomar unas tapitas, pensando que un lunes de agosto estaría poco menos que desierto.

Y cuál fue nuestra sorpresa al comprobar que había casi tanta animación como un viernes o un sábado. Calles, bares y terrazas estaban llenos. De hecho, no pudimos sentarnos en esa agradable terraza que tiene instalada en un solar la histórica Bodegas Almaú.

Y además, la gente que llenaba el Tubo no eran zaragozanos. Eran turistas de las más diversa procedencia los que llenaban la zona.

Más tarde, paseando por la Plaza del Pilar, más de lo mismo. Incluso en una conocida heladería de la cercana calle Don Jaime, ninguno de los clientes tenía acento "maño".

Y esa escena se repite cualquier mañana, cuando la Plaza del Pilar es un hervidero de gente ansiosa por entrar en la Basílica o que hace fila pacientemente para acceder al Palacio de La Lonja, algo que no suele pasar un día entre semana.

Un ambientazo que rara vez se ve en Zaragoza en agosto, una ciudad que tradicionalmente durante un largo mes cierra por vacaciones y que comienza a desperezarse agradablemente cuando se acercan los Pilares.

Pero este año es diferente. La Expo está aquí, y frente a los agoreros que decían que iba a ser un fracaso, el éxito se ve en el propio recinto, y en las calles.

Evidentemente, esta vida no se extiende por los barrios. Algunos medios de comunicación, y comerciantes de diferentes barrrios se quejan de que no han notado un aumento de las ventas. Pero eso era algo evidente.

Los turistas, cuando vamos a las ciudades, nos movemos por el centro y por los cascos históricos de las mismas. Yo, cuando voy a Madrid, no me suelo dejar caer por Carabanchel, ni por Vallecas. No por nada, pero son barrios con escaso interés turístico. Si me "pierdo" en Madrid, que me busquen por Gran Vía, o por Fuencarral, o por Serrano.

Pues aquí los turistas, lo mismo. Es normal que se concentren en los focos donde hay cosas que visitar, es decir, el Centro y el Casco Histórico, y que por ello, no aumenten sus ventas las tiendas situadas en Torrero o en San José. Y aún así, seguro que algún visitante que se aloje en casa de algún zaragozano realizará alguna compra en el barrio de residencia del anfitrión.

Son cosas que se caen de cajón, pero lo que le importa a algunos es criticar por criticar, como dice Alaska en una de sus canciones.

En fin, dejemos a los agoreros con sus críticas, mientras la Zaragoza más vanguardista y activa disfruta de este verano especial.

 

 

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