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LENGUA DE TRAPO.

GALGOS, O PODENCOS

GALGOS, O PODENCOS

Mientras en Aragón seguíamos con la pelea de si son galgos, o son podencos, o lo que es lo mismo, si queríamos organizar unos Juegos Olímpicos de Invierno, o si no los queríamos organizar, Barcelona ha dado la campanada, anunciando que pretenden organizar los Juegos de Invierno en el 2022, chocando de frente con las aspiraciones olímpicas aragonesas. Un anuncio que parece que ha sorprendido mucho en esta tierra en la que nos gusta criticar cualquier proyecto que surge, pero que no ha causado sorpresa en diversos ámbitos del resto del Estado.

Nadie discute que Barcelona tenga derecho a organizar unos Juegos Olímpicos, pero causa estupor que se haga de esta manera, conociendo las aspiraciones aragonesas, y sin comunicarlo a nuestras instituciones previamente. No en vano, Jaca aplazó su candidatura para no entorpecer la carrera por Barcelona 92, y Zaragoza hizo lo mismo con Madrid. Hasta que Madrid no fue eliminada de la carrera olímpica, Zaragoza - Pirineos tuvo a bien no presentar su candidatura, en un gesto de caballerosidad que parece ser que otros no tienen.

Cierto es que Jaca se ha presentado varias veces. Pero Barcelona ya tuvo su oportunidad en los Juegos Olímpicos del 92, unos Juegos en los que el conjunto del Estado se volcó para asegurar el éxito de la cita olímpica, aunque en determinados sectores catalanes no se quiera reconocer. Y Zaragoza, nunca hasta ahora se habría presentado, con lo cuál, la candidatura, no es la misma que se ha presentado en los últimos años.

Ahora, con el anuncio del alcalde de Barcelona, la veda se ha abierto. La carrera por los Juegos Olímpicos ha comenzado en serio. Y Aragón no debe tener miedo a esta batalla. Nuestro proyecto sin duda es y será el mejor. Nos avalan nuestras estaciones de esquí, modernas y situadas a años luz de la situación de las estaciones catalanas. Por no hablar de que en el Pirineo Aragonés hay mucha más nieve que en el Pirineo Catalán,  y de la gran mejora que han tenido nuestras comunicaciones, nuestras infraestructuras y  y el volumen y calidad de los alojamientos. 

Lo peor, y lo más preocupante, es el nuevo enfrentamiento que se va producir sin duda entre buena parte de la sociedad aragonesa y un sector político y cultural catalán. Uno más a sumar a la larga lista que encabezan los Bienes del Aragón Oriental, los intentos de trasvase a Barcelona, la gestión del Archivo de la Corona, los intentos por apropiarse de nuestra historia y de inventarse una nueva realidad histórica, geográfica y cultural basada en los Países Catalanes y en la invención de términos como la Confederación Catalano Aragonesa.

Intentos habría que hacer por rebajar la tensión. Pero esos esfuerzos, sin duda, deben realizarse desde ambas partes, no sólo desde nuestra Comunidad. De hecho, y lamentablemente, los asuntos que he mencionado ahora mismo, están lejos de encontrar una solución a corto o medio plazo. Una situación que comienza a causar hartazgo entre un amplio sector ciudadano de nuestra Comunidad, haciendo un simil respecto al haztazgo de Catalunya respecto a la situación del Estatut.

Pero de momento, y volviendo al asunto que nos ocupa, la batalla olímpica ha comenzado. Y además de las reacciones políticas, y frente a la pasividad del PSOE estatal, y de los órganos deportivos competentes, de cuya imparcialidad dudo a la hora de decidir, ya han comenzado a escucharse voces críticas con la candidatura catalana que provienen desde sectores bien diferentes, tanto desde el resto del Estado, como desde la propia Cataluña. No hay nada más que leer un diario como La Vanguardia, para leer voces críticas con el proyecto olímpico barcelonés y con la forma de tratar a los vecinos aragoneses.

Ahora, sólo queda ponerse las pilas, y trabajar para conseguir la mejor candidatura. El sueño de los Juegos Olímpicos del 2022 en Zaragoza-Pirineos nos espera.

 

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